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Published on July 3rd, 2017 | by Aitor Menta

¿Fué solo un sueño, o me pasó realmente?

Me desperté con hambre, y decidí ir a la cocina a prepararme algo de comer.  Al llegar allí, encendí la luz y pude ver, como de costumbre y a consecuencia de mi desidia y descuido, como cientos de pequeñas cucarachas corrían por todos lados tratando de encontrar una improvisada guarida donde esconderse de mi presencia.

Algunas corrían torpemente cegadas por la luz, sin saber exactamente que rumbo tomar – chocando entre ellas –  otras “hábilmente” se escondían debajo de mis zapatos, pensando, sin dudarlo, que se encontraban en el lugar más seguro de la tierra. Pude ver por el rabillo del ojo, como otras mas valientes, intentaban saltar en caída libre desde la encimera, y algunas otras, bastante temerosas de las alturas, no seguían el liderazgo de sus compañeras más atrevidas. Pero entre todos estos divertidos insectos, siempre me habían llamado la atención aquellas que permanecían impasibles en el mismo lugar que las había encontrado, y no solo no huían, sino que asumían cierta actitud retadora y amenazante. Fijé mi atención en una en particular, que con mirada fija y antenas en alto me retaba a que yo, de alguna manera, me atreviese a arrebatarla el trozo de pan que llevaba fuertemente sujeta en su mandíbula y que devoraba con ansias. 

Solía aplicar la misma psicología con estas pequeñas y audaces cucarachas, las ignoraba totalmente, como si no estuviese ahí. Seguí mi camino a la nevera, al abrirla, pude ver a las especies que se habían adaptado magníficamente al frío, me pareció incluso ver como algunas jugaban con la escarcha y otras patinaban hábilmente sobre la gelatina, pero algunas de ellas no habían corrido con tanta suerte como sus compañeras, y vi como un grupo de ellas celebraban el funeral de una que había muerto de frío – pobrecilla – pensé para mis adentros. Estas cucarachas esquimales suelen ser bastante asustadizas, a los pocos segundos de haber abierto la nevera, toda la actividad que había cesado. 

Tome el jamón, algo de queso y mayonesa para prepararme un sándwich. La cucaracha retadora dejó de prestar atención a su pequeña migaja de pan y comenzó a acercarse sigilosamente a mi. Yo continué mi estrategia de ignorarle, pero visto que su asedio a mi sándwich era inminente, me hizo pensar en un plan evasivo para evitar su ataque. Pensé: Bueno, podría sobornarla con un pedazo de jamón, pero..¿Será la estrategia adecuada? – sin pensarlo más, le ofrecí un pedacito. Al principio, la cucaracha desconfiaba tímidamente de mi ofrecimiento, pero después de un rato, cogió rápidamente el trozo de jamón y salió corriendo a esconderse en una pequeña grieta en la pared, por donde desapareció rápidamente sin dejar rastro, me pareció escuchar con sorpresa, como durante su huida entonaba cantos de alegría.

No salía aún de mi asombro, aunque termine de prepararme el sándwich y comencé a comer, y sorprendido pude ver como la pequeña cucaracha se asomaba por la grieta…se me ocurrió que podía ser una magnifica mascota. La llame como si fuese un perrillo, y para mi sorpresa, la cucaracha empezó a actuar como si lo fuese..moviendo la cola y jadeando como un chucho habido de cariño. Le pondría un nombre: “Chuchoracha”. Mi mente comenzó a divagar…como normalmente. Ya me imaginaba yo, sacando a pasear a “Chuchoracha” por el vecindario con su pequeña correa de paseo, mientras la gente me miraba con cara de sorpresa, destartalados de la risa y sus perros ladrándole a mi pequeña mascota, o yendo al veterinario para sus revisiones de vacunos y esas cosas..Salí de mis pajas mentales, y al volver a la situación anterior, la cucaracha estaba robando mi sándwich.

 

Lo tenía mordido y fuertemente sujeto por un extremo y tiraba con una fuerza bastante increíble para su pequeño tamaño, le di un suave golpe en la cabeza y la cucaracha corrió al refugio gimiendo de dolor. No paso ni un minuto, cuando volvió a asomarse por la grieta, pero esta vez no venía sola, venia acompañada por una gran cantidad de sus compañeras, venían marchando y cantando una peculiar marcha militar, en menos tiempo de lo que pude reaccionar, ya se habían lanzado sobre mi sándwich, tirando de el, una cucaracha tras otra, mientras que yo intentaba recuperarlo por el otro extremo del sándwich..no era justo, era mio y no me lo iban a arrebatar. 

Mi lucha fue en vano, me superaban en fuerza pero no en tamaño, me di por vencido, solo me quedo lanzar la mano rápidamente hacía la encimara por mi último recursos..una lata de insecticida y a continuación dirigí la válvula hacia las tropas enemigas…para mi sorpresa, no solo no moría con el contacto con el supuestamente mortal insecticida para ellas..sino que reían a carcajadas. No me quedo mas remedio que dejarles ir, y ver como mi sándwich desaparecía por la grieta de la pared entre cánticos de alegría y celebración.

Apagué la luz y me fui a dormir…¿o ya estaba dormido? 


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